Miércoles, Septiembre 30th, 2009

Lluvia de sobres

Pedro León Gómez Plata – Comerciante – Barranquilla, Colombia

“Lluvia de sobres”, así se llama la nueva costumbre: fea, incómoda, abusiva y, a todas luces, sin clase, con que los anfitriones de matrimonios, aniversarios, cumpleaños, bautizos, primeras comuniones y grados obligan a sus invitados a regalar dinero en efectivo.

violenta

Hace unos años, cuando la cortesía existía y la vergüenza ajena impedía que los muy necesitados se pelaran la cara pidiendo ‘billuyín’ en vez de cosas, o cuando el homenajeado salía a residir en el exterior, se les deslizaba discretamente a los amigos cercanos que preferían dinerito.

Así se solventaba el tremendo problema para ambos lados, pero desde que inventaron la tal lluvia de sobres, que como muestra de la peor educación ya incluyen impresa en la invitación, la situación se le pone peluda a cualquiera.

Veamos, la lista de regalos puesta en un almacén permite a cada quien elegir un presente del gusto del celebrado, puesto que son cosas escogidas por quienes lo recibirán, obviando la duda metódica de buscar algo que se ajuste a las posibilidades propias y al mismo tiempo atine con el gusto ajeno. Suelen plantarse dentro de un rango amplio de precios que permite que todos queden bien o que se sientan bien.

Pero una lluvia de sobres arranca mínimo con un billetico lustroso de 50.000 pesos que, por cierto, se ve escaso, escuálido y cicatero dentro de la fina carpetita que ya venden en las papelerías, pero si se introduce la cifra quebrada en dos de veinte y uno de diez, el efecto visual es miserable: queda uno como expósito social, tacaño acérrimo y paupérrimo de limosna.

Lluvia de SobresImponer el regalo en dinero es una forma grosera de obligar al invitado a poner más de lo que realmente puede y, de cierta forma, parece un cobro adelantado a lo que va a consumir en la fiesta: “como yo estoy dejando los riñones en la cuenta del megafestejo, bien puedes tú cortarte un ovario o un huevo, para que quedemos tablas”.

He conocido casos de personas que por no perderse un ‘bembé’ donde debe llover billete salen a prestar el mínimo decente de cien mil, que ya abulta el sobrecito y les permite llegar con la frente en alto sin temor a que les suelten un “te quedaste corto”, que también sé de víctimas que lo han recibido, entre sonrisas y copas.

Imponer de manera tan vulgar y evidente lo que se desea recibir no es parte de la modernidad ni un avance en nuestras costumbres sociales, más bien es un retroceso feroz y una imitación indeseable de los usos de los mafiosos: ¿recuerdan en El Padrino el temblor y el pánico de un protegido llevando su sobre al capo, luego de constatar con un guardaespaldas si la cifra era la indicada?

Es lo mismo, pero a la usanza de Kiyatown 2009, donde el dinero manda y es el único bien reconocido como apreciable y deseable, tanto como el aval para que los más siniestros personajes pasen a los círculos sociales. Una recomendación: si le invitan por escrito a una lluvia de sobres, absténgase de ir, le saldrá más barato comprar una botella de excelente trago, mandarse una cena en buen restaurante con verdaderos amigos y estará impidiendo que lo manipulen y lo sobornen con el señuelo de un compromiso social.

Category: Otros
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